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dialogos

Fray Andrés de San Miguel y las obras del desagüe de la Ciudad de México. Entrevista con Eduardo Báez

Jorge Bravo*
beltmondi@yahoo.com.mx

Eduardo Báez Macías
eduardob@servidor.unam.mx


Fray Andrés de San Miguel fue hermano lego de la orden de los carmelitas descalzos; vivió en la primera mitad del siglo XVII, entre 1577 y 1652. Fue arquitecto, matemático, hidrólogo, tratadista… Entre las construcciones que mejor se conservan se encuentra la del Convento del Carmen, en San Ángel, que actualmente es un museo y aloja a las famosas momias del Carmen que no dejan de atraer a los curiosos. Sin embargo, más allá de los deberes contraídos con la orden fundada por Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz y su labor de evangelización en la Nueva España, fray Andrés tuvo una destacada participación en las obras del desagüe de la Ciudad de México. Lo recordamos a más de tres siglos de distancia porque el de las inundaciones sigue siendo un problema irresuelto por parte de las sucesivas autoridades del ahora Distrito Federal y el Área Metropolitana. Año con año nos enteramos por las noticias, ora de una inundación que afectó el patrimonio de docenas de familias, ora del rompimiento de un tubo al cual no se le había dado mantenimiento en décadas y cuyo desbordamiento arrastró objetos y vehículos, destruyó hogares e incluso le arrebató la vida a varias personas…


Si viviera el fraile carmelita, haría una crítica similar a la que en su momento le dirigió al cosmógrafo alemán Enrico Martínez, “el azote con que Dios azota esta ciudad”, quien por encomienda directa del virrey se abocó a la construcción del túnel para desaguar el agua de la ciudad, pero fue tan desastrosa que, como se dice coloquialmente, fray Andrés tuvo que entrarle al quite para remediar el defectuoso trabajo de ingeniería hidráulica de Enrico Martínez, entonces favorito de la corte virreinal.
           El historiador que de manera más certera ha estudiado a fray Andrés de San Miguel es Eduardo Báez Macías, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM; su libro, Obras de fray Andrés de San Miguel (IIE, segunda edición, 2007) reúne los manuscritos del fraile. La versión paleográfica y el estudio introductorio son factura del propio Báez, para quien fray Andrés “fue el arquitecto más importante del siglo XVII porque construyó y además dejó obra escrita que describe su desempeño como constructor”.
           El cubículo del doctor Báez está repleto de libros y de legajos; éstos se encuentran dispuestos sobre su escritorio. El investigador se recarga, atento, en el respaldo de su silla y la hace girar ligeramente sobre sus ruedas mientras escucha las preguntas sobre un personaje poco conocido y que el investigador ha estudiado para revelarnos la importancia que tuvo en su época. El libro no sólo rescata un documento invaluable sino que traza la vida y obra de fray Andrés, lo ubica en su circunstancia e incluso descifra el estilo de gobernar la Nueva España que frecuentaban sus autoridades, la manera como se tomaban decisiones y cuáles fueron sus consecuencias.

Explica que fray Andrés fue el único arquitecto novohispano que dejó escrito un tratado sobre arquitectura. Pero de inmediato corrige: en realidad sus manuscritos integran varios tratados: de astronomía, de relojes de sol, de vidrieras para los templos, de jardinería o “de las plantas que mejor se crían en esta huerta de San Angelo”… Sin embargo, su tratado de arquitectura resulta aún más relevante “porque existieron muy pocos en lo que fue el mundo colonial hispano”. Por si estuviera en duda la importancia histórica, cultural, artística e incluso científica de fray Andrés, éste redactó un tratado sobre carpintería de lo blanco (mudéjar); sólo se conocen dos en el mundo hispano: uno de nuestro carmelita descalzo y el otro de Diego López de Arenas que se escribió en Sevilla, España.
           Además del Convento del Carmen en México, que se conserva íntegro, fray Andrés erigió el Santo Desierto de Cuajimalpa (o Desierto de los Leones), el colegio de San Ángel y los conventos del Carmen de Querétaro, Celaya, Valladolid (Morelia), Puebla de los Ángeles, Atlixco y Salvatierra. Estos últimos han sido remodelados o remozados, pero expresan la materialización edilicia de una intensa tarea de evangelización que después de la conquista y durante el siglo XVI emprendió la orden de los carmelitas descalzos.

La investigación

Eduardo Báez tuvo conocimiento del documento escrito por fray Andrés por referencia del también historiador del arte Francisco de la Maza. Explica que el manuscrito ya había sido mencionado por Manuel Toussaint en un artículo publicado en la revista Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas en 1945, y por el bibliófilo José María Ágreda y Sánchez, quien lo tuvo entre sus manos a finales del siglo XIX. Actualmente, el pergamino original está resguardado en la Colección Latinoamericana de la Biblioteca de la Universidad de Texas, en Austin, después de que los descendientes del historiador Genaro García vendieran íntegra su biblioteca a esa institución educativa en 1921. Hasta allá viajó Eduardo Baéz Macías hace tres décadas para conocer y estudiar el documento durante una estancia de investigación que duró tres meses. Encontró un pergamino de 170 folios con la numeración defectuosa, deteriorado por el tiempo y el trato, con folios desprendidos, partes mutiladas y con fragmentos ilegibles porque la tinta ya se había borrado por acción de la humedad y el reino fungi.

No obstante, el investigador consiguió un microfilme que le permitió realizar la paleografía y analizar el documento, además de emprender una exhaustiva investigación sobre la vida y obra de fray Andrés de San Miguel en el Archivo General de la Nación y el de los carmelitas descalzos. Para Eduardo Báez “la investigación documental directa será siempre la base de toda indagación en el campo de la historia; disminuir la importancia de la investigación documental es más bien una actitud de pereza por parte del historiador”.
           Eduardo Báez habla con conocimiento de causa. Es un escudriñador acucioso de documentos y un huésped asiduo de los archivos. Alejado de esa pereza académica que menciona, ha dedicado años al estudio del Archivo de la Antigua Academia de San Carlos y ha publicado 16 libros, entre los que destacan El Santo Desierto de los Carmelitas Descalzos (1981), El Edificio del Hospital de Jesús. Documentos para su construcción (1982), Pintura militar en México en el siglo XIX (1992), además de su Guía del Archivo de la Antigua Academia de San Carlos que ya suma cinco partes-volúmenes y la publicación de diversos documentos y paleografías que él ha descubierto y realizado gracias a esa afortunada manía suya de estar siempre metido en los archivos y sus documentos que no pocas veces son auténticos tesoros.
           Para el profesor de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM la investigación documental “es una metodología especializada pero al mismo tiempo resulta auxiliar de disciplinas sustantivas como la historia y la crítica del arte”. Si bien reconoce que no existen reglas específicas a la hora de interpretar los datos que arroja la indagación documental, reconoce que “debe atenderse la interpretación del propio investigador porque por más objetiva que resulte, siempre influye el caudal de conocimientos, la perspicacia y la ideología del interpretador. Todo hecho histórico y toda experiencia estética debe contemplarse dentro de un complejo mundo de relaciones”, asegura.

Las obras del desagüe de la Ciudad de México

Además de su labor como arquitecto dentro de la orden de los carmelitas descalzos que inició en 1606 (seis años después de ingresar a la congregación) al serle encomendada la construcción del Santo Desierto de Cuajimalpa, fray Andrés tuvo una destacada participación en las obras del desagüe de la Ciudad de México. En 1607 ya había realizado algunas mediciones sobre el nivel de los lagos pero fue hasta 1631 cuando rindió un primer informe sobre el estado de las obras del desagüe y criticó de manera inmisericorde al cosmógrafo alemán Enrico Martínez, responsable de la construcción por gracia del virrey.


 “Las inundaciones de la Ciudad de México –relata Eduardo Báez– fueron la mayor calamidad en los siglos XVI y XVII porque había varios ríos que vertían sus aguas en el vaso que es el Valle de México, y fueron años de aguaceros muy intensos que son relatados en varias crónicas de la época, como aquel del 21 de septiembre de 1629, que se precipitó sobre la capital durante 36 horas. La ciudad era muy susceptible a las inundaciones y el remedio que se buscó fue abrir un tajo, un canal de desagüe para sacar el agua de la ciudad. En principio se encomendó la obra a Enrico Martínez quien era cosmógrafo e impresor, uno de esos tipos sabios propios de la época que sabían de muchas cuestiones. Fray Andrés y otros cronistas decían que por ser alemán tenía un prestigio muy bien arraigado en la corte. Fue el virrey quien finalmente le encomendó la obra para hacer el desagüe. Cuando Enrico Martínez terminó el socavón se advirtieron los problemas de ingeniería, de tipo técnico, y los derrumbes que lo obstruyeron. La idea de sacar el agua por Huehuetoca fue buena pero en la práctica falló en las mediciones porque él no era, como sí era el caso de fray Andrés, un matemático.”
           La fama de Enrico Martínez se debía a la conjunción de ser alemán y un sabio de la época. “En la reducida corte de principios del siglo XVII –dice Báez–, un extranjero que tenía conocimientos de astronomía y algo de ingeniería deslumbraba a las autoridades.” En esa época las críticas no rebasaban los estrechos límites de la corte y las autoridades civiles y religiosas; la del fraile “no era una crítica dirigida a ser conocida por la gente sino por los directamente implicados”. Así se expresó fray Andrés del cosmólogo teutón: “Cosa es para admirar y en que se ve claro ser Enrico el azote con que Dios azota esta ciudad, pues habiendo cometido tantos y tan pesados yerros que uno solo bastaba para que otro hubiera perdido el reino o la vida, y que él se haya conservado cerca de los virreyes en tan grande opinión, como si hubiera hecho los mayores servicios a su Majestad…”


Báez revela que, a diferencia de Enrico Martínez, fray Andrés sí tenía mucha experiencia en cuestiones hidráulicas. Construyó un acueducto en las lomas de Santa Fe para abastecer el Convento de Cuajimalpa. Además, en su manuscrito incluye un tratado de bombas hidráulicas que él conoció, dibujó y “que no he visto en ningún otro tratadista”, porque en uno de los dos viajes que el carmelita realizó a la Nueva España,  muy joven, naufragó; de ahí su conocimiento de las bombas y el drenado del agua. “En sus documentos también se encuentran explicaciones y dibujos de niveles, sistemas para construir apuntalamientos y todo lo que tiene que ver con la hidráulica.”
            A decir de Eduardo Báez, fray Andrés no era el clásico fraile sumiso, aunque siempre cumplió con su voto de obediencia. Era inteligente, orgulloso, un tanto autoritario y, sobre todo, conocedor de sus capacidades, por lo que sabía defender sus argumentos. De la siguiente manera lo retrata el investigador en su libro Obras de fray Andrés de San Miguel: “En la historia de sus intervenciones en el desagüe se revela como un carácter crítico y exasperado, herido por el despecho y presa de un odio irreconciliable contra Enrico Martínez, a quien los gobernantes habían favorecido con la dirección de la magna obra. Escuece al carmelita, sobre todo, esa inexplicable preferencia por alguien a quien suponía inferior en conocimientos.”
           Enrico Martínez moriría en 1632 y llevó consigo el rencor de fray Andrés, quien asumiría el control técnico de la obra de ingeniería hidráulica más ambiciosa e importante de la Ciudad de México en el siglo XVII.

En 1636 el fraile presenta un segundo informe directamente al virrey, marqués de Cadereyta, sobre el desagüe de la capital, proponiendo que se siguiera a tajo abierto en lugar del túnel. Ante el desastre ocasionado por Enrico Martínez, fue hasta julio de 1642 cuando el virrey don Juan de Palafox y Mendoza requirió de los carmelitas la presencia expresa de fray Andrés de San Miguel para solucionar las obras del desagüe, después de que años antes su proyecto fuera descartado por la junta del cabildo eclesiástico y secular y fuera elegido, por enésima ocasión, el del maestro alemán. “El virrey lo llamó para que corrigiera la obra de Enrico Martínez cuando el agua no se desalojaba sino que se rebalsaba. Sacaron a fray Andrés del Convento del Carmen de San Ángel para que hiciera las correcciones de nivel.”

–¿Se  puede afirmar que históricamente las autoridades de la Ciudad de México han errado las decisiones para resolver el problema las inundaciones?

–Sí, porque es un problema difícil. No sólo se presentó en el siglo XVII. El tajo que abrió Enrico Martínez, corregido por fray Andrés, de momento solucionó las inundaciones durante la primera mitad del siglo XVII, pero el problema se volvió a presentar en los siglos siguientes. Por ejemplo, durante la intervención estadounidense de 1848, un ingeniero que acompañaba al ejército invasor se encargó de revisar el sistema de desagüe. Las inundaciones ocurren por la forma como está el desagüe [natural] de la metrópoli que recoge aguas de todos los montes y sierras que lo circundan, además de los manantiales que ya se agotaron como el de Coyoacán y Xochimilco, de los que brotaba el líquido constantemente. 

–¿Qué nos dice la historia y la cultura mexicanas cuando hay acciones y consecuencias como la construcción del desagüe en el siglo XVII? ¿Qué podemos aprender de esa experiencia?

La lección sería que todo tipo de obra pública siempre se haga por licitación, no por señalamiento de un gobernante. No sería el único caso que terminó en obra defectuosa. Sin embargo, la idea moderna de licitación no existía en esa época. Ahora hay más medios e instituciones del aparato oficial a las que se puede acudir pero la clave está en la honestidad de recurrir a las licitaciones. Sabemos que hay muchas licitaciones que se utilizan para encubrir actos reprobables del gobierno pero el camino debe ser otorgar la obra al más competente y que, en general, ofrezca mayores ventajas.



No obstante la inquina de fray Andrés contra el alemán, el religioso “tan tenía razón que si no interviene el desagüe hubiera propiciado un fenómeno contraproducente. Pero pesaba mucho que la decisión de emplear a Enrico Martínez proviniera del virrey. El tipo de sociedad absolutista le confería mucho peso a la autoridad, además de la condición de intocable de esa élite que gobernaba la colonia”.
           Ante los acontecimientos que se repiten mucho tiempo después, Eduardo Báez asegura que fray Andrés haría en pleno siglo XXI una crítica similar como la que le dedicó a Enrico Martínez, “señalando su ineptitud, su falta de conocimiento en cuestiones de ingeniería y matemáticas”.

El legado de fray Andrés

El historiador del arte y especialista en arquitectura carmelita señala que la crítica de fray Andrés se conoce porque la escribió y quedó constancia de ella en los archivos del convento; de lo contrario, no sabríamos con certeza cuál fue su intervención en las obras del desagüe y los yerros de Enrico Martínez. No obstante, la circunstancia que pesa sobre el carmelita descalzo fue que su manuscrito quedó guardado en la biblioteca del convento y no se publicó, como sí ocurría con los tratados en España.
           “Ese hecho es de lamentar porque se hubiera propiciado un desarrollo más amplio de la ciencia. El documento se conoció poco entre los religiosos y constructores y, por lo tanto, su influencia quedó reducida a la misma orden. Fray Andrés es un personaje que puede estudiarse mucho más, sobre todo para conocer la ciencia de la época a través de los tratados que redactó entre su participación en el desagüe y su viaje a Salvatierra, Guanajuato. Para el conocimiento de la ciencia del siglo XVII hay que hacer una lectura más profunda de su obra para verlo como un ingeniero y un arquitecto. Era un pensador que estaba generando conocimiento y ciencia en el territorio novohispano.”

Los carmelitas descalzos ya no quisieron prestar a su arquitecto pititié, es decir, modelo en la obra del desagüe de la Ciudad de México, con la prohibición legal de que los frailes no debían vivir fuera del claustro, y porque había resuelto el problema para el cual fue requerido. Báez Macías explica que la iglesia formaba a sus propios arquitectos para erigir la serie de conventos que se construyó al mismo tiempo en España y México. “La orden de los carmelitas era celosa y no prestaba fácilmente a sus arquitectos, a menos que fuera petición del virrey, como fue el caso de fray Andrés. La iglesia los preparaba para ella misma porque además existían en el mundo laico arquitectos, alarifes y maestros mayores. En esa época la orden del Carmen formó arquitectos y construyó conventos sistemáticamente, con el fin de lograr una arquitectura adecuada y funcional para los fines religiosos.”


Los carmelitas descalzos tenían buena acogida en la corte; el confesor del virrey Palafox era fray Juan de Jesús María, hermano de esa congregación y colega de fray Andrés. “Siempre existió esa relación de una orden que está creciendo y que necesita en algún momento la licencia, la autorización para construir, para ocupar o recibir en merced ciertos solares. Cualquier congregación tenía que guardar buenas relaciones con las autoridades. Pero además siempre se cuidó mucho la cooperación y colaboración entre la autoridad y las órdenes religiosas en general.”
           En 1644 la congregación envió a fray Andrés a Salvatierra para levantar el convento de la orden. Después, en 1650, y gracias a su experiencia en el desagüe de la capital, iniciaría los trabajos para construir el puente sobre el río Grande (Lerma), que resultó de enorme utilidad porque unió Michoacán con Guanajuato y Querétaro. Dos años más tarde se eclipsarían sus días en la propia ciudad de Salvatierra… La acuciosa investigación de Báez constituye una forma de rendirle homenaje a fray Andrés de San Miguel e incluiría conservar los conventos que erigió y su patrimonio, pero también recordar su crítica a Enrico Martínez y su destacada participación en el desagüe de la Ciudad de México.

Eduardo Báez Macías, Obras de fray Andrés de San Miguel, UNAM-IIE, México, 2007, 523 pp.

Inserción en Imágenes: 29.01.10

Foto de portal: portada del libro Obras de fray Andrés de San Miguel.




   
Instituto de Investigaciones Estéticas
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO