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de archivos


Una personalidad ejemplar

Elisa García Barragán*
elisagbm@hotmail.com

El 18 de febrero, a los 95 años de edad y a los 73 de laborar en la UNAM, falleció Clementina Díaz y de Ovando: "la mujer más universitaria", como la llamó el doctor José Sarukhán.
            Clemen, como se le conocía cariñosamente en el Instituto de Investigaciones Estéticas, llegó a esta dependencia en 1943, no sin sortear toda serie de dificultades. Fue gracias a la visión del doctor Alfonso Noriega Cantú, secretario general de la UNAM, que se le admitió en el cargo de ayudante de investigador, para llevar a cabo tareas de carácter técnico. Con buen humor incorpora en su currículum aquellos primeros afanes. En ese tiempo, sin que ningún investigador le dirigiera la palabra, se encargaba de montar y catalogar diapositivas, preparar el material que ilustraría las conferencias, cumplir las comisiones encomendadas por los investigadores en bibliotecas y hemerotecas, entre otras actividades. Su salario era de 250 pesos mensuales. El Instituto se encontraba en la calle de San Ildefonso, número 28.
           Su formación, licenciada en Letras Españolas, y su desempeño como profesora de esta misma materia en la Escuela Nacional Preparatoria número 2 (1938-1968), en donde había conseguido el aprecio de maestros y alumnos, hacían prever su acertada participación en las investigaciones del Instituto. El primero en percatarse de la solidez de su vocación como investigadora fue el doctor Justino Fernández, uno de los geniales y conspicuos miembros del androceo integrador del Instituto. Con el artículo titulado "Agua, viento, fuego y tierra en el romancero español" consiguió el "ábrete sésamo" para ganar la aceptación total. Manuel Toussaint, fundador y entonces director del Instituto, empezó a compartir con ella afectos literarios; entre otros, los relativos a la obra del general Vicente Riva Palacio.
           Comenzaban a perfilarse los derroteros por los que encaminaría su quehacer. Dos devociones primordiales: su alma máter y, paralelamente, la constante revisión de la historia global del siglo XIX mexicano; todo ello sin olvidarse de la docencia (1938-1988). Prueba de ello es que hasta los últimos días de su vida varios alumnos de aquel entonces continuaron frecuentándola y expresando el orgullo que sentían de que la aproximación y el conocimiento referente a las letras españolas y mexicanas hubieran sido bajo su tutela.
           Colaboración significativa dentro del quehacer académico, ya como investigadora, fue la publicación El Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, de 1951, monografía que quedó inscrita dentro de las ediciones del IV Centenario de la Universidad de México. En la advertencia informa: "He ilustrado este trabajo con planos, fotografías y dibujos, con objeto de presentar, en lo posible, un conjunto de este edificio que alberga en su templo a la Hemeroteca Nacional de México." Añadía que se trataba de un "breve estudio" –hoy podemos decir, no superado trabajo–, en el cual, aparte del templo, hace la reseña de todo el edificio del Antiguo Colegio. Pese a su aclaración respecto de la brevedad del texto, al trabajar acuciosamente en la indagación, logró un libro casi exhaustivo.
           Siguiendo los senderos ya mencionados, esencial en su afecto por el siglo XIX fue el poeta romántico Juan Díaz Covarrubias; de él recogió todos sus escritos, mismos que dio a la luz en Juan Díaz Covarrubias. Obras completas, dos volúmenes que iniciaron una de las más trascendentes colecciones de la Universidad, la Nueva Biblioteca Mexicana. Este proyecto y su conjunto de obras transparenta cómo las pesquisas hemerográficas contribuyen a la captura más cabal de las letras y la historia de tan amada centuria.

           La Universidad, en respuesta a tal devoción, le otorga nombramientos y distinciones. En 1968, habiendo obtenido ya su maestría y doctorado en Letras Españolas, se le encomendó la dirección del Instituto de Investigaciones Estéticas, gran paso en un ámbito históricamente reservado al sexo masculino; entonces empezaron las batallas como pionera para abrir camino a otras universitarias. Es importante rememorar su discurso al asumir la dirección, pues en él invocó el trabajo y la amistad. Rubén Bonifaz diría: "La amistad y el trabajo han presidido sus acciones en lo académico, que para ella es perenne oficio de solidaridad humana y en lo que pudiera decirse "humana intimidad", donde ella no aspira a la perfección, porque seguramente la ha conseguido." Es válido decir que bajo esa doble enseña, se dieron sus acciones.
           Su gustosa alegría de vivir fue compartida por varios colegas del Instituto al grado de que la actividad profesional no cercenó la inclinación de todos a los festejos. De algunas de las celebraciones que mediante el enmascaramiento de los disfraces se llevaron a cabo, queda constancia en el retrato en que aparece, a su decir, disfrazada de "bruja azteca".
           Sin embargo, no hubo día en que permaneciera ociosa. Su vida fecunda la entregó con ilusión siempre renovada a la investigación. Pronto amplía su temática acorde a los intereses del Instituto: ejemplifica y da cuenta de las agresiones sufridas por el patrimonio arqueológico en Memoria de un debate 1880; asimismo, pone al tanto de otros atentados que en vías de una "mejoría" o restauración urbana se cometieron; por ejemplo, la demolición del Teatro Nacional o Teatro Santa Anna al abrirse la calle 5 de mayo. De igual manera, siendo la historia del arte parte medular del trabajo del Instituto de Investigaciones Estéticas, estudió el grabado académico y comercial del siglo XIX, además de llevar a cabo, entre otras, la edición acerca del dibujante y grabador Luis Garcés.


           A la par de su labor en el Instituto, en la Universidad se le conferían nuevas distinciones. Por ejemplo, fue la primera mujer miembro de la Junta de Gobierno. Siempre lúcida y tolerante, exigente y benigna, la ponderación e imparcialidad de sus juicios todavía perviven en el recuerdo. Instituciones extrauniversitarias de gran relevancia en el país y en el extranjero la eligieron con beneplácito como uno de sus integrantes. Fue la primera mujer en ser nombrada miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia; poco tiempo después ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua. No extraña que el tema de su alocución se centrara en la figura del periodista, poeta, biógrafo, historiador y crítico Vicente Riva Palacio, del cual resaltó apasionadamente sus aportaciones. Paradigmática figura la del general, a quien ella siempre rindió pleitesía.
           Miguel León Portilla, al dar respuesta al discurso de ingreso, enfatizó la valía de la nueva integrante: "todos los que la elegimos quisiéramos beneficiarnos con su saber… llega aquí sobrecargada de méritos y estoy seguro de que sus conocimientos serán de gran ayuda para el progreso y la buena marcha de la Academia Mexicana".
           Al cumplirse cincuenta años de su ingreso al Instituto de Investigaciones Estéticas, la Universidad, a instancias del entonces rector, doctor José Sarukhán, le organizó un homenaje en la Capilla del Palacio de Minería (a finales de 1992). En la ceremonia participó un grupo muy relevante de universitarios, entre otros, ex rectores y coordinadores de humanidades y algunos de los más renombrados investigadores y profesores. Las participaciones en esta reunión se recogieron en el libro Homenaje a Clementina Díaz y de Ovando. Devoción a la Universidad y la cultura.
           Nombramientos y premios continúan: investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas (1983); Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades (1988); cronista de la Universidad Nacional Autónoma de México (1994). Como se señala en el documento correspondiente, para este cargo se tomó "en consideración su conocimiento de la Universidad derivado de una larga y fructífera trayectoria académica". Asumiendo esa enorme responsabilidad, desde la crónica destaca asuntos de interés para las principales facultades.


           De sus muchos libros, sólo cito las siguientes obras que muestran la gama riquísima de su panorama intelectual: la historia de la ciencia, particularmente de la odontología en el siglo XIX; para la Facultad de Medicina, El doctor Manuel Carmona y Valle y la fiebre amarilla. Su noticia periodística 1861-1886; la crónica del Real Seminario de Minería que tituló Los veneros de la ciencia mexicana.
           También merecen rescatarse como muy significativas obras de carácter documental: La Escuela Nacional Preparatoria. Los afanes y los días 1867-1919; la búsqueda hemerográfica correspondiente, la monumental indagación en dos volúmenes, ampara uno de los primordiales estudios sobre la educación en México. La Ciudad Universitaria de México. Reseña histórica (1929-1955), en la cual trae a la memoria, al decir del doctor José Sarukhán, "el culminante momento de nuestra autonomía y la diáspora de sus dependencias hacia territorios más firmes, más ad hoc para el macro desenvolvimiento de nuestra máxima casa de estudios". El propio rector calificó la edición del "libro hoy paradigmático para mejor entender tal mudanza y la fundación de la Ciudad Universitaria". Cabe mencionar que varias de estas obras han sido reeditadas.
           Por lo que se refiere a su inclinación hacia la historia política y económica, sobresale un estudio de primera magnitud, tanto por la riqueza de su documentación como por la perspicacia crítica e interpretativa: Crónica de una quimera. Una inversión norteamericana en México (1879).
           Doña Clementina ocupa un sitio de honor como historiadora de nuestra cultura del siglo XIX. Gracias a su sentido hondo, constructivo, de amor primordialmente al México independiente, rescata, entre otras señeras figuras a: Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Manuel Payno, Juan A. Mateos, Juan Díaz Covarrubias, José Tomás de Cuellar, Facundo, Manuel Gutiérrez Nájera, etcétera, y al ya dicho Vicente Riva Palacio, sobre el cual publica lo que fue su tesis doctoral, Un enigma de los ceros: Vicente Riva Palacio o Juan de Dios Peza; una antología de la obra del héroe y literato para la Biblioteca del Estudiante Universitario, y posteriormente, Las ilusiones perdidas del general Vicente Riva Palacio. La exposición internacional mexicana 1880 y otras utopías.
           Su creciente labor intelectual y producción académica la llevan a alcanzar en 2001 la máxima presea a que pueda aspirar un universitario: el Doctorado Honoris Causa, recibido de manos del rector Juan Ramón de la Fuente.

           El reiterado entusiasmo de Clementina Díaz y de Ovando, su benéfica curiosidad en torno al siglo XIX, la llevó a interesarse por todo aquello relacionado con nuestras raíces, desde el repaso culinario del México decimonónico hasta esa historia de las mentalidades que constituye Invitación al baile. Arte, espectáculo y rito en la sociedad mexicana (1825-1910), una crónica social, política y económica en torno a la celebración de toda suerte de festejos realizados durante casi la totalidad de aquella centuria, presentada en tres tomos. Al respecto, el rector Juan Ramón de la Fuente subrayó: "Gracias a la versatilidad de su incansable labor, la actividad social y física del baile, se convierte en un abanico de lecturas útiles para diversas disciplinas."
           En buena parte de sus quehaceres, se advierte la constante inquietud por el rescate y engrandecimiento de nuestro patrimonio cultural, insisto en ello, por indagar en la esencia del ser nacional, de nuestra identidad bajo un triple enfoque: sociológico, histórico y literario, lo cual le permite presentar la vida mexicana en su palpitar más entrañable, cotidiano y sencillo, registrándolo todo con la emotividad que los sucesos podían causarle. Esmerada objetividad, elegancia y pasión que pueden sintetizarse en una palabra: México. Se ha dicho que para acercarse a la historia cuenta más la razón que el sentimiento; sin embargo, Clementina Díaz y de Ovando abordó la historia con emoción.
           Hasta sus últimos días mantuvo sus dos ya dichos afectos. Respecto de su devoción por la Universidad Nacional Autónoma de México, seguía recopilando material para la historia de la ingeniería. Por lo que hace a su entrega al estudio del siglo XIX, poco antes de su fallecimiento, revisaba pruebas y corregía galeras de su última y también monumental investigación: Escenarios gastronómicos. Banquetes y convites 1810-1910, libro incuestionablemente inscrito en la historia. En él, la autora presenta el universo en el que se fue gestando, palmo a palmo, lo nacional (se espera la pronta aparición de la obra). El rector, doctor José Narro Robles, señala en relación con este trabajo: "Con su minuciosa lente de aumento y armada de su prodigioso instinto para encontrar el detalle entre las páginas de archivo, la doctora Díaz y de Ovando reconstruye la historia de nuestros banquetes a lo largo del periodo que enmarca la génesis de nuestros dos magnos movimientos sociales: la Independencia y la Revolución."


           En 2010, Clementina Díaz y de Ovando recibió el Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz que otorga la Universidad Nacional Autónoma de México en virtud de una sobresaliente trayectoria académica. Poco tiempo antes de fallecer, la Fundación Miguel Alemán la distinguió con el premio Equidad de Género Miguel Alemán Valdés (2011; otorgado por primera vez). El acto correspondiente fue la última ceremonia a la que asistió.
           Para concluir, subrayo que leer y recordar su obra es la mejor manera de pregonar su gloria.

* Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

Inserción en Imágenes: 30.05.12
Imagen de portal: Clementina Díaz y de Ovando.

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