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El uso de trompetas en el Chiapas prehispánico

América Malbrán Porto*
amalbranp@gmail.com

Enrique Méndez Torres**
vengati@hotmail.com

Es realmente escasa la información en torno a la vida familiar o privada de la clase gobernante de las diversas culturas que habitaron el territorio de lo que ahora es la República mexicana antes de que cayera vencido Cuauhtémoc por las huestes aliadas a los invasores españoles; es gracias a los glifos, inscripciones, códices, pintura mural y rupestre que podemos conocer otros aspectos de la vida cotidiana de estas personas.


           También contamos con algunos escritos, del siglo XVI, realizados por múltiples razones, donde los cronistas, sorprendidos de lo que veían o interesados en ciertas temáticas puntuales, escribieron y aportaron, sin saberlo, información de la vida social de los pueblos de tradición mesoamericana. Todas estas fuentes dan voz a estos grupos culturales que en muchos casos han pasado sus conocimientos de generación en generación.


           A partir de la conquista, las comunidades mesoamericanas se vieron en la necesidad de modificar su modo de vida para sobrevivir al nuevo sistema, así como a las vicisitudes que han debido afrontar desde entonces. Por esta razón gran parte de sus costumbres se han perdido en el tiempo mientras que otras permanecen en su memoria histórica.


           La música es uno de los aspectos de los cuales prácticamente no tenemos información. Sin embargo, a través de las fuentes podemos observar que era un elemento fundamental en los diversos rituales y ceremonias, así como en las cortes. Desgraciadamente son pocos los instrumentos musicales que han llegado hasta nuestros días. Muchos de ellos son objetos cerámicos o bien caracoles de gran tamaño que se han logrado preservar a través de los siglos; no han corrido con la misma suerte los objetos elaborados con materiales orgánicos como madera y carrizo, entre otros.


           Sin embargo, como ya se mencionó, son diversas las representaciones de instrumentos en códices, vasijas cerámicas y murales; presentan distintas formas y dimensiones. De estos elementos se desconocen los nombres y las funciones, mucho menos se puede hablar del sonido que emitían. En la mayoría de los casos se han encontrado percutores elaborados en madera, caparazones de tortuga o vasijas cerámicas (Saldívar, 1987: 19-22).


           Consideramos que la elaboración de este tipo de objetos no era por simple capricho de un artesano sino que cumplía una función especial dentro de la comunidad, además de que con ella se satisfacían ciertas necesidades sociales. Tal producción responde a la capacidad tecnológica del grupo; sin embargo, se debe tomar en cuenta el valor que se le adjudicaba a los objetos elaborados o a la materia prima misma. En algunos casos su elaboración obedecía simplemente a la necesidad de un objeto de uso cotidiano, como ollas y vasijas, mientras que en otras ocasiones, como sucede en el caso de las trompetas, la importancia de los objetos estaba ligada estrechamente a la religión, lo cual les proporcionaba cierta carga simbólica de relevancia para la comunidad (Malbrán Porto, 1995: 51).

           Una de las primeras noticias sobre el uso de trompetas o trompetillas nos los da Bernal Díaz del Castillo cuando narra la guerra contra los chiapanecas en 1523:

reposamos algo de lo que quedó de la noche, y no sin mucho recaudo y ronda y velas y escuchas, porque oíamos el gran rumor de los guerreros que se juntaban ribera del río, y el tañer de sus trompetillas y a tambores y cornetas.

(Díaz del Castillo, 1978: 140).

           Como es posible deducir, la música era también un elemento importante para la guerra, e inclusive dentro de las batallas. Tenía como objetivo dar ánimo a los combatientes, indicar a gran distancia el curso del combate (Saldívar, 1987: 56) y, por qué no, desalentar al enemigo. A este respecto, el mismo Díaz del Castillo recuerda la lucha contra los chamulas:

y tal prisa se dan a tirar flecha y piedra, que hirieron a cinco de nuestros soldados y a dos caballos, y con muchas voces y gran grita y silbos y alaridos y trompetillas y atabales y caracoles, que era cosa de poner espanto a quien no los conociera.

(Díaz del Castillo, 1978: 143).

Más adelante  refiere:

Volvamos a los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo atabales y trompetillas y dando voces y gritos.

(Díaz del Castillo 1978: 144).

           El brutal proceso de conquista no logró arrancar del todo los elementos espirituales propios de estos pueblos, y gracias a las fuentes históricas, como la Relación de Ocozocuatla, sabemos que a finales del siglo XVI los indígenas zoques que se ubicaban en la región central del actual estado de Chiapas continuaban con sus antiguos rituales:

Celebraban los naturales deste pueblo bailes de animales que son sus dioses, é los celebran en los cerros y en el propio pueblo…

(Relación de Ocozocuatla, en Navarrete, 1968: 372).

           Por otro lado, fray Diego de Landa describe algunos de instrumentos que utilizaban los indígenas en sus “farsas” o representaciones:

Tienen atabales pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco, de sonido pesado y triste, que tañen con un palo larguillo con leche de un árbol puesta la cabo; y tienen trompetas largas y delgadas, de palos huecos, y al cabo unas largas y tuertas calabazas; y tienen otro instrumento (que hacen) de la tortuga entera con sus conchas, y sacada la carne táñelo con la palma de la mano y es su sonido lúgubre y triste.

           Tienen silbatos (hechos con las) cañas de los huesos de venado y caracoles grandes, y flautas de cañas, y con estos instrumentos hacen zona los valientes.

 

(Landa, 1986: 38-39)

           Varios de estos instrumentos pueden ser identificados en vasos y murales mayas. Es el caso de las pinturas de la estructura 1, cuarto 1, muro norte, en Bonampak, en donde se aprecia un grupo de músicos que acompañan a varios personajes ataviados con máscaras y otro tipo de disfraces (Arellano Hernández, 1998: 10), lo cual probablemente esté relacionado con las representaciones de las cuales nos habla Landa (Fig. 1).

           Al parecer, era común el uso de disfraces y máscaras en ciertos rituales y festejos, al grado de que en la Colonia se debieron decretar ciertas prohibiciones para regular esta costumbre, además del uso de instrumentos musicales, entre los que destacan las trompetas a que hemos hecho referencia. A este respecto, Aramoni (1992: 153) nos brinda una interesante cita extraída de un documento de 1658 procedente de un despacho de la Audiencia de Guatemala:

estando prohibido por ordenanza el que los indios celebren más que la fiesta de su pueblo y las vísperas y días de Corpus Christi y Pascuas del año, sin mascaras, plumas, ni vestidos más que los ordinarios de indios y el que represente historias de su gentilidad con trompetas largas o sin ellas y que hagan el baile que llaman el ostum y el tum.



           De este escrito se desprende lo siguiente:


           1. La religión católica, a pesar de su aparato represivo, no pudo abolir ciertas costumbres que los indígenas zoques tenían respecto a su cosmovisión. Algunas han subsistido hasta la fecha; entre ellas, determinados bailes donde se emplean máscaras, plumas y ropa no frecuente ya entre los indígenas.


           2. En razón de que esta ordenanza debió ser acatada, al menos por algunos años, la elaboración y el uso de las trompetas largas, la adaptación y puesta en escena de historias acerca de los orígenes de estos grupos y la práctica de algunos de sus bailes, como el ostum y el tum, son costumbres que se perdieron.


           También es posible darse cuenta del uso que tuvieron estas trompetas al observar algunos vasos clásicos mayas. En ellos aparecen señores con su corte y grupos de músicos que tocan sus instrumentos o bien acompañan a algún danzante en su actuación (fig. 2).


           A ciencia cierta no sabemos cómo eran estas trompetas o de qué material estaban hechas. No obstante, podemos suponer que debían de realizarse con algún tipo de material ligero como madera, cañas o bien quiotes de maguey, y posteriormente podían ser decoradas con estuco, tiras de tela o papel, glifos o adornos de plumas (fig. 3). Sobre el proceso de manufactura de estos instrumentos, Roberto Velázquez Cabrera ha realizado un interesante trabajo de arqueología experimental mediante el cual ha logrado reproducir algunos de ellos a partir de ramas de Cecropia obtusifolia. También se encuentra el experimentorealizado por Luis Bernardo Méndez Sánchez a partir de quiotes de maguey.(1)



En una de las pinturas de la zona arqueológica de Bonampak, situada en el cuarto 3, muro poniente, hay una escena que hace alusión a los festejos de la victoria del gobernante. En ella aparece un grupo de músicos en el que destacan cuatro trompetistas. El artista que elaboró el mural plasmó un detalle que quizá para muchos pueda resultar insignificante pero que en su momento debió ser llamativo para él o para quien mandó elaborar la pintura: entre los músicos encargados de tocar las trompetas largas, uno al parecer golpeó, tal vez sin querer, la cabeza de su compañero de enfrente, y éste se encuentra en la escena volteando con una expresión en apariencia de reclamo (Fig. 4). Tal hecho ha llamado nuestra atención, ya que en muchos casos se habla de la solemnidad de las escenas, olvidando que se trataba de acontecimientos que formaban parte de la vida cotidiana de personas que en sus relaciones sociales y sus reacciones espontáneas no debieron diferir tanto de nosotros.




Bibliografía

Aramoni Calderón, Dolores, 1992. Los refugios de lo sagrado. Religiosidad, conflicto y resistencia entre los zoques de Chiapas, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Serie Regiones).

Arellano Hernández, Alfonso, 1998. “Bonampak, Cédulas”, en Leticia Staines Cicero, (coord.), La pintura mural prehispánica en México, Área Maya, Bonampak. Catálogo, vol. II,t. I, México, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, pp. 1-53.

Díaz del Castillo, Bernal, 1979. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Prólogo de Claudia Parodi, 2 vols., México, Promexa Editores,.

Landa, Fray Diego de, 1986. Relación de las cosas de Yucatán, México, Editorial Porrúa (Biblioteca Porrúa, núm. 13).

Malbrán Porto, América, 1995. “Las ofrendas de concha de Xcaret, Quintana Roo. Análisis del material malacológico de un sitio maya en el Estado de Quintana Roo”, tesis de licenciatura, México,ENAH.

Navarrete, Carlos, 1968. “La relación de Ocozocoautla, Chiapas”, en Tlalocan. Revista de Fuentes para el Conocimiento de las Culturas Indígenas de México, México, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, vol. V, núm. 4, pp. 368- 373.

Saldívar, Gabriel, 1987. Historia de la música en México, México, Ediciones Gernika.

Staines Cicero, Leticia (coord.), 1998. La pintura mural prehispánica en México, Área Maya, Bonampak, 2 vols., México, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

 

* Colegio de Estudios Latinoamericanos-Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

** Instituto de Investigaciones Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

1. Para mayor información sobre este tema se recomiendan las páginas de ambos autores http://www.geocities.com/icusutopchek/quiote.html.


Inserción en Imágenes:03.02.2011

Imagen de portal: Detalle de los músicos en el cuarto 3, muro poniente, Bonampak. Tomado de Staines Cicero, 1998.

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