Cabeza Boletín Informativo IMÁGENES IIE boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-inicio boton-directorio menu-boletin boton-archivo boton-regresar boton-instituto boton-unam boton-contacto
 
de archivos

El retablo del Perdón de la catedral de México

Martha Fernández*
marfer@servidor.unam.mx

Desde el siglo XVI, la puerta principal de la Catedral de México se denomina del Perdón, pues por ella ingresaban los penitenciados del Santo Tribunal de la Inquisición a reconciliarse con Dios y con la Iglesia. Tras ella, y formando respaldo al coro de la iglesia, se levanta un retablo con su mesa de altar, que al menos desde el siglo XVII también es conocido como Retablo del Perdón.
    En la primitiva Catedral de México se le llamaba retablo “de las indulgencias”, pero su ubicación era la misma. Ese retablo se trasladó al templo que hoy conocemos, pero en 1650 se estrenó un nuevo retablo, sufragado por la Hermandad de Nuestra Señora del Perdón. Este retablo fue sustituido por otro diseñado por el ensamblador Jerónimo de Balbás, quien lo contrató en 1735, (1) el cual subsistió hasta el 17 de enero de 1967, cuando un incendio lo dañó terriblemente. Dos fotografías muestran la magnificencia de la obra y la magnitud de los daños. La primera, de Luis Márquez Romay, muestra el retablo prácticamente en su estado original. Constaba de banco, predela, un solo cuerpo dividido en cinco calles y un remate en forma circular (“...como un abanico abierto...”, diría Francisco de la Maza (2)).
            Al centro de la predela se abría la puerta del Sagrario que tenía un Divino Rostro del pincel del fraile dominico Alonso López de Herrera, fechado en 1634. Su cuerpo único estaba estructurado a partir de cuatro esbeltas pilastras estípites que servían de apoyo al remate. En la calle central se encontraba la célebre pintura que representaba a la Virgen del Perdón, realizada por Simón Pereyns en el siglo XVI; había pertenecido al retablo de las indulgencias de la primitiva catedral y se trasladó al edificio actual donde permaneció hasta que el fuego la consumió. En las pilastras peanas de los interestípites, se encontraban esculturas con las imágenes de San Pedro Arbués y San Zenón. En las calles laterales del retablo, aparecían los bustos de San Felipe Neri y San Cayetano, así como las de San Vicente de Valencia y un santo no identificado, en bulto redondo.
            Al centro del remate se encontraba una tabla con la imagen de San Sebastián, atribuida a los pintores Francisco de Zumaya, Baltasar de Echave Orio y Alonso Vázquez. A los lados de esta pintura, se encontraban las esculturas de dos santos vestidos con dalmáticas. El extradós del medio punto que remataba el retablo lucía relieves con las imágenes de San Saturnino, San Dativo, San Gaudensio, San Liborio, San Valentín, San Ananías y San Cándido. San Félix y San Rodrigo, flanqueaban el remate. En el siglo XIX agregaron en la parte superior del remate un resplandor resguardado por ángeles. (3)
            Todo el retablo, además, tenía una fina y abundante ornamentación a base de hojas, flores, frutos y querubines, cubierta con hoja de oro, tal como se acostumbraba en los retablos de madera de la Época Virreinal.

            Como consecuencia del incendio ocurrido en 1967, el retablo sufrió daños irreparables: se perdieron las tres pinturas que tenía, prácticamente todo el remate y se dañaron todas las esculturas y medallones. Una fotografía de Rodrigo Moya muestra parte de los daños que causó el incendio: en el piso, madera calcinada que cayó del retablo rodea la escultura de San Zenón, medio carbonizada. Al fondo, se percibe la imagen de San Pedro Arbués, en las mismas condiciones, así como el relieve con la imagen de San Felipe Neri. Peana y relieves negruzcos y con la madera evidente, tras perder la chapa de oro que los cubría.
            Pero quizá lo más dramático y doloroso sea la sección derecha de la fotografía, en la que se ve el hueco que dejó el sagrario, ya sin la puerta y sin la imagen del Divino Rostro; sobre este conjunto perdido se percibe el marco de la antigua pintura que tenía la imagen de la Virgen del Perdón, totalmente deslavada; de hecho, se alcanzan a ver los chorros del óleo mezclado con agua que caen como último testimonio de lo que fue una de las obras más antiguas y tradicionales de la Catedral de México.
            Gracias al trabajo minucioso del arquitecto Miguel Ángel Soto y de su taller, el retablo fue restaurado; en realidad, rehecho en gran parte. El Divino Rostro fue sustituido por otro de autor anónimo del siglo XVIII, que un obrero donó para tal fin. La Virgen del Perdón fue cambiada por una tabla del siglo XVI, atribuida a Simón Pereyns, que representa el Descanso de la Huída a Egipto, la cual procede del templo de Zinacantepec. El San Sebastián del remate fue reemplazado por un San Juan Evangelista, y los dos santos con dalmática que flanqueaban la antigua pintura fueron cambiados por dos santos carmelitas; todas ellas esculturas del siglo XVIII. San Félix y San Rodrigo fueron rehechos por el arquitecto Soto a partir de dos esculturas de candeleros que se encontraban en las bodegas de la Catedral. El remate se rehizo entero, incluyendo el resplandor que había tenido desde el siglo XIX. Con todo, el retablo pudo ser nuevamente consagrado el 25 de octubre de 1974. (4)


*Martha Fernández es investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Es autora, entre otros libros, de Cristóbal de Medina Vargas y la arquitectura salomónica en la Nueva España durante el siglo XVII, editado por el IIE.

Inserción en Imágenes: 02.09.08
Foto de portal: Rodrigo Moya, detalle del retablo del Perdón de la Catedral de México.

 



   
Instituto de Investigaciones Estéticas
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO