Juan Ramírez, el vagabundo profesional que rechazó al
Circo del Sol
Silverio Orduña
Cruz*
radiorockstar123@gmail.com
Juan ha llegado a pensar que está loco. Y sus amigos
se lo han dicho. Parece que cuando tiene una conversación,
la vista se le pierde para no mirar los ojos de quien está enfrente.
Habla rápido, muy rápido... y sus palabras
se tropiezan entre sí.
Bailarín,
coreógrafo, mimo, payaso, comediante, creativo, entretenedor, introvertido,
olvidadizo, manipulador, tímido, tierno, antisocial, vagabundo... Todo
eso es Juan Ramírez, además de ser ganador del Premio Miguel Covarrubias
de Composición Coreográfica Contemporánea 2008 y director
artístico de la compañía Onírico Danza-Teatro del
Gesto. También es el mexicano que rechazó trabajar con el circo
más famoso del mundo.
El estereotipo
es claro: un artista escénico no le tiene miedo a la gente porque muestra
sus habilidades ante ella. Juan sí teme... y mucho. “Soy muy introvertido,
no me gusta hablar. Si estoy en una fiesta y hay más de cuatro personas,
me bloqueo”, dice mientras gira un poco la cabeza y observa, minucioso,
en dirección de un punto lejano.
La prision
La oscuridad y la humedad de una celda hacen imposible que Juan y sus dos compañeros
mantengan la cordura. Ellos sólo piensan en robar las llaves de la reja
y escapar de la prisión.
Estos tres
personajes, vestidos con un traje de rayas negras y blancas, hacen cálculos
con ecuaciones que pintan en el piso, dan maromas y se estiran para alcanzar
la libertad que se apodera de sus sueños y alucinaciones. A Gilberto,
uno de ellos, se le ha ocurrido una idea: dibujar con gis una puerta en la pared.
Las sirenas
ya están sonando porque Juan y sus secuaces han escapado. Pero con esta
huida se ganaron al público y al jurado del Concurso Miguel Covarrubias
2008, el certamen dancístico más importante en el país,
organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la Universidad
Autónoma Metropolitana (UAM).
La coreografía Lejos
de aquí, de Juan Ramírez, fue premiada, al igual que la interpretación
de Gilberto González (mejor bailarín masculino) y la música
original de Julio Ordóñez Orellana por La prisión de
papel. Ramírez y González son los dos creativos de Onírico,
compañía independiente de danza contemporánea fundada en
1998 cuya propuesta escénica incluye el teatro y la pantomima.
Por esta mezcla de géneros dancísticos y teatrales, se le ha criticado
a Onírico. “Eso no es danza”, afirman algunos integrantes
del gremio.
“Sé que
somos un grupo muy querido, pero también señalado. Nos cuestionan
porque no tenemos un género o los tenemos todos juntos. Tampoco es que
poseamos el hilo negro de la vida. Pero nos dicen que no hacemos danza ni pantomima.
Nadie sabe lo que hacemos y menos nosotros. Sin embargo, somos un grupo que genera
reacciones con el movimiento: buenas, malas, tontas, tiernas o ridículas”,
replica Juan.
Para Marcela Sánchez Mota, crítica de danza y colaboradora de La
Jornada Semanal, el trabajo de Onírico es el resultado de una profunda
investigación en torno a la gramática gestual surgida del cuerpo,
el rostro y los sonidos. Al mismo tiempo, sus propuestas no dejan de ceñirse
a los estrictos códigos de la danza.
“Para estos actores-bailarines la cuestión esencial del porqué y
para qué moverse, encuentra una respuesta en el cómo moverse. En
sus obras se aprecia un trastrocamiento constante de la condición humana,
pleno de universos poéticos”, opina Sánchez Mota.
La danza y
la pantomima son artes escénicas de la misma familia porque utilizan el
cuerpo para expresarse. No obstante, el investigador Alberto Dallal explica en Los
elementos de la danza que el trabajo del mimo está supeditado a la
economía de medios de expresión; cada movimiento requiere un propósito
con un significado literal, directo. En cambio, el bailarín no se limita
a la literalidad, sino a la resignificación estética por medio
de imágenes plásticas en el escenario.
En la
propuesta de Onírico, “los géneros se han dado un abrazo” para
forjar “un viaje al país de la imaginación”, comenta
Dallal en una de sus reseñas.
Los
“raritos”
El interés por la escena inició cuando Juan cursaba la secundaria.
Tenía muchos problemas de conducta y reportes por ser burlón. Desde
muy joven se le formó el carácter cómico:
“Era
muy bromista y todo el tiempo tenía la intención de manejar a mis
compañeros de escuela y tener control sobre ellos. Después me interesó el
humor y empecé a buscar cómo estudiarlo.”
Como alumno
del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), Juan decidió ingresar a un
taller de teatro pero no encontró lugar porque el cupo se llenó.
No tuvo más remedio que inscribirse al de danza contemporánea y
desde entonces ésa ha sido la base de su formación escénica.
“La
escuela me estorbaba –acepta–; debo más de 25 materias del
CCH que no aprobé. Lo que me gustaba era hacer reír.” Así empezó con
las clases de pantomima y de clown, considerado como una forma dramática
cuyo propósito es evadir de manera ridícula las leyes de la sociedad;
su figura ha sido utilizada para señalar lo absurdo, además de
criticar y parodiar los sistemas sociales vigentes. Salió a las calles
a presentar sus primeros espectáculos improvisados y sin estructuras dramáticas
sólidas. Primero fue en la Alameda Central y luego en el centro de Tlalpan. “Era
muy malo”, reconoce.
–¿Y
la timidez y el miedo a la gente?
–Me
refugié en el maquillaje, que funciona como una máscara. Al principio
me pinté como un mimo tradicional: cara blanca, vestuario negro y guantes.
Después fui payaso con nariz roja. Y actualmente ya no me maquillo, pero
el proceso de quitarme esas máscaras ha sido largo.
–¿Por
qué te gustó el teatro callejero?
–El
público de la calle es más público. En México,
la audiencia que asiste a los teatros está formada en su mayoría
por personas del gremio teatral o dancístico. Me gusta llegar
a la gente, al pueblo, a la masa. En la calle no hay un público
pasivo; es gente que si se interesa se queda a verte; y si no, se va.
Uno paga un boleto de teatro, se sienta y espera.
“En
los parques y las plazas debes emocionar e impactar a las personas, enamorarlas
para que te paguen una moneda... o un billete. Tienes que convencerlas. Mis
trabajos, tanto de calle como de teatro, se basan en temas románticos,
con finales felices o melancólicos que manejan tensiones y momentos
inesperados, porque siempre creo en función del espectador. Yo no soy
artista, soy entretenedor.”
Juan no
quería que sus inquietudes artísticas sólo se quedaran
como un pasatiempo y planeó profesionalizarse. Se inscribió en
la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea. Además
tomó cursos de stand up comedy, un estilo de comedia en vivo
semejante al trabajo de los cuentachistes de bares y centros nocturnos.
En una
clase de danza conoció a Gilberto González. Se dieron cuenta
de que se movían “rarito”, siempre con sentido del humor
y empezaron a trabajar juntos en el centro de Coyoacán. Formaron Onírico
Danza-Teatro del Gesto en 1998, participaron en el Premio INBA-UAM y ganaron
con Pintando en caja de música, coreografía de Gilberto.
Se propusieron
soñar; hacer magia con el cuerpo.
Desórdenes mentales
Juan Ramírez insiste en que está loco y tiene
muchas ideas en la mente que no lo dejan dormir, ni pensar
en fechas ni edades. No sabe cuántos años tienen
sus padres ni su abuela, y eso que vive con ella. Sólo
recuerda tonterías y piensa en chistes y bromas. Por
eso su libreta de apuntes lo acompaña a todas partes,
pues ahí atrapa su creatividad.
“Mis
amigos y el gremio de la comedia me llaman Juan, el Loco.
Es agradable que me conozcan y que digan que soy chido,
que sería padre vivir conmigo. Pero rápido se
dan cuenta de que puede ser horrible. Te vas haciendo solitario.
La gente se aleja porque no te toman en serio”, subraya
mientras alborota su melena de rizos.
Según
el psicólogo Héctor Delgado Pérez, de
la Universidad Autónoma de Madrid, en la cultura occidental
persiste el estereotipo que califica como locos a los científicos,
artistas y personas con creatividad. En La locura creativa (2007)
afirma que los creadores están en un nivel cercano
a la demencia sin llegar a un estado patológico, debido
a un proceso de delirio por el que pasan para construir sus
obras científicas o artísticas. Sin embargo,
la diferencia entre las personas con desórdenes mentales
y los creativos, es que estos últimos tienen “la
posibilidad de reconstruir la realidad por efecto de la experiencia
y la subjetividad”.
En
un estudio de 2004 Rosa Aura Chávez afirma: “La creatividad
es de gran importancia para el bienestar individual y la supervivencia
social como para pasarla por alto. La ciencia, el arte, la tecnología
y la filosofía tienen su fundamento en esta cualidad humana que
implica la transformación de lo existente, la expansión
de los campos conceptuales y estéticos y la trascendencia.”
El artista y el payaso
Juan Ramírez y Gilberto González se complementan. Gilberto
es el artista y Juan es el payaso. Gilberto va a la Cineteca y Juan ve
la televisión. A Gilberto le gusta leer y Juan prefiere no hacerlo.
Gilberto busca el arte y Juan sólo quiere divertirse.
“Gilberto
es Onírico y yo soy Gilberto; por eso, cuando nos juntamos para crear,
nos acoplamos y le impregnamos un ritmo armónico a nuestras obras”,
afirma Juan, quien porta una playera desgastada de color olivo con el cuello
roto y una imagen de Saltimbanqui, espectáculo con el que
el Cirque du Soleil, originario de Canadá, obtuvo fama mundial.
Con la
fórmula de Gilberto como director general y Juan a cargo de la dirección
artística, Onírico ha ganado cuatro veces el Premio Miguel Covarrubias,
en las ediciones de 1998, 1999, 2003 y 2008. A diez años de haberse
formado, la compañía es una de las más representativas
e innovadoras en la danza contemporánea de México.
Pero el año
pasado, la coreografía Lejos de aquí estuvo en riesgo
de no ser presentada porque Gilberto se encontraba en Estados Unidos pues se
integró en 2007 al elenco del Circo del Sol. Juan, también convidado
al banco de talentos de tan afamada compañía internacional, optó por
quedarse a trabajar en las calles y los foros del país.
A dos semanas
de las eliminatorias del concurso organizado por el INBA y la UAM, Juan se quedó sin
un bailarín para interpretar su coreografía. Por lo que decidió llamar
a Gilberto. No había otra persona que solucionara tal problema.
“Estábamos
tan unidos que no tuvimos la necesidad de ensayar exhaustivamente. Hemos trabajado
tanto tiempo juntos que conseguimos una homogeneidad instantánea en la
interpretación de los reos. Ese reencuentro ha sido una de las experiencias
más emotivas de Onírico”, remarca Juan.
En entrevista
por correo electrónico, Gilberto González sostiene que la compañía,
aún con su estancia en el extranjero, sigue activa, pues mantiene una
comunicación constante con Juan, su amigo y compañero, para seguir
creando. Además, habla de las ventajas de trabajar como uno de los personajes
principales de Saltimbanqui:
“Encontré la
posibilidad de aprender, de conocer otras formas de hacer arte. Puedo contar
con un seguro médico y con una manutención económica estable
que no tenía en México. Tengo planes de retomar Onírico
porque ahí puedo hacer mi propio trabajo, mis propuestas artísticas;
es un proyecto lleno de autenticidad y magia.”
Vagabundeo
Aparte de su labor con Onírico, Juan Ramírez
tiene otros proyectos escénicos; dirigió y actuó en Regresa
a mis pies, espectáculo circense contemporáneo
y multidisciplinario de la compañía Cirko de
Mente.
“La
historia es muy sencilla: un vagabundo que vive en un callejón
pierde su zapato derecho y toda la función se la pasa
buscándolo… sin encontrarlo”, explica
Juan, quien experimentó una sensación onírica
y placentera al interpretar a este trotamundos descalzo: “La
gente estaba tan conectada y emocionada que me aventaba su
zapato derecho... Fue muy raro y mágico, porque ése
nunca fui mi objetivo en la puesta en escena.”
–En un panorama nacional donde las artes no tienen el
apoyo económico ni la difusión ni el público
en los teatros, ¿qué te motiva para seguir creando?
–No sé hacer otra cosa; esto es lo que soy. Sólo
tengo la secundaria terminada y no creo que nadie me dé empleo.
Bailo y actúo porque es una experiencia explosiva,
dinámica y catártica; si no lo fuera, tiraría
todo a la basura. A donde me muevo, llevo mi trabajo. Por
lo demás, no tengo tiempo para preocuparme. Mi oficio
es ser un vagabundo profesional.
* Estudió la licenciatura en Ciencias
de la Comunicación, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
UNAM.
Inserción en Imágenes: 19.01.11
Imagen de portal: Lejos de aquí (2008), coreografía
de Juan Ramírez, Onírico Danza-Teatro del Gesto, detalle.
Foto: Julio Ordóñez.
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