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Olmeca. Balance y perpectivas

Roberto García Moll*
gmoll@prodigy.net.mx


María Teresa Uriarte y Rebecca B González Lauck (eds.), Olmeca. Balance y perspectivas. Memoria de la primera mesa redonda, México, UNAM-IIE-INAH-Conaculta, 2008, dos tomos, tres DVDs.

Es hacia finales del siglo XIX cuando se describen los primeros objetos identificados más tarde como pertenecientes a la cultura olmeca, término utilizado para nombrar esta importante manifestación.
            Existen en la bibliografía especializada varios puntos de referencia, en casi 150 años de investigación, entre los que se encuentran las primeras menciones sobre materiales que más tarde han sido adjudicados a esta noble manifestación: los de 1862 y 1871; Mayas y Olmecas: segunda reunión de mesa redonda sobre problemas antropológicos de México y Centroamérica, de 1945; los trabajos de Román Piña Chán de los años cincuenta, sesenta y siguientes; los de Michael Coe de los años sesenta en adelante; el de Ignacio Bernal de 1968, El mundo olmeca; los de Beatriz de la Fuente de los años setenta en adelante; el de Jacques Soustelle, Los olmecas y, finalmente, los de David Grove a partir de los años sesenta a la fecha. Estos autores y trabajos no sólo son aportaciones valiosas sino que también son un reflejo de muchos otros investigadores que han contribuido al conocimiento de esta cultura.


            Como preámbulo a nuestros comentarios, a partir de la bibliografía que se presenta en la parte final del volumen II de Olmeca. Balance y perspectiva. Memorias de la primera mesa redonda, hemos realizado un recuento superficial que nos ofrece datos del comportamiento de los estudios, incluyendo sólo los trabajos que son pertinentes a esa cultura por su título.

            1862 a 1929 6
            1930 4
            1940 12
            1950

8

            1960 37
            1970 70
            1980 72
            1990 142
            2000 113
            Total 464

            De los estudios mencionados, dos de ellos presentan, después de trabajos previos, una clara intención de sistematización para iniciar la discusión en torno al problema. En primer lugar, la información que está apoyada en el dato arqueológico de Rebecca B. González Lauck, La arqueología del mundo olmeca: catálogo; Las cabezas colosales olmecas; Hombres de piedra. Escultura olmeca, en donde se reúnen los objetos que hasta el día de hoy han sido reconocidos como pertenecientes a esta cultura.
            Los estudios mencionados poseen un común denominador: el dato arqueológico, el registro y las fotografías adecuadas, así como dibujos e información veraz a partir de la cual se puede avanzar hacia trabajos futuros.


            Olmeca. Balance y perspectiva. Memorias de la primera mesa redonda, la publicación que reseñamos,es producto de la reunión de especialistas que se llevó a cabo en el Museo Nacional de Antropología en marzo de 2005, promovida por Beatriz de la Fuente (1929-2005), investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM (cuya trayectoria desde sus inicios como investigadora está marcada por su interés por lo olmeca, por ello sus catálogos de escultura monumental son fuente fundamental para los estudios sobre el tema); y Rebecca B. González Lauck, investigadora del Centro INAH Tabasco, dedicada al trabajo arqueológico del sitio de La Venta y lo olmeca en general. Dicha reunión contó con el apoyo de la entonces directora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, María Teresa Uriarte; del director general del INAH, el antropólogo Sergio Raúl Arroyo, y del secretario técnico, Moisés Rosas.
            Esta mesa redonda tuvo como modalidad la realización de sesiones públicas y, posteriormente, reuniones de discusión entre los participantes, lo cual significa una innovación positiva para la discusión y las aportaciones adicionales de manera directa y enriquecedora de los participantes, no sólo sobre los temas de la mesa redonda, sino también de otras inquietudes académicas.
            La edición a cargo de María Teresa Uriarte, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM –cuya vocación por el arte prehispánico ha marcado su trayectoria de investigación–, y Rebecca B. González Lauck, dedicada a la arqueología de La Venta, consta de dos volúmenes conformados por 35 ensayos y una carpeta adicional con tres DVD que incluyen las discusiones privadas de los participantes.


            El hecho de que los lectores tengan en sus manos esta publicación en español conllevó un largo proceso de traducción y edición, debido a la inclusión de todos los textos que se presentaron para su publicación por disposición expresa de Beatriz de la Fuente. A partir de esta decisión inicial se editaron trabajos que, si bien no son pertinentes al espíritu del tema, los olmecas, al igual que en la mesa redonda de 1942, proporcionan variada información sobre el México antiguo.
            La edición está dividida en seis secciones: Cultura y estilo; Ideología y religión; Iconografía; Investigaciones arqueológicas; Territorio y, finalmente, Lengua y escritura, las cuales dan cuenta de los avances hoy en día en estos campos.
            En los escritos existen tantos trabajos monográficos como los que abarcan la problemática general que en la actualidad ofrece lo olmeca. De entre todos ellos destacan, por los señalamientos sobre el tema para futuras investigaciones, los de:
            Beatriz de la Fuente: “¿Puede un estilo definir una cultura?”, en el cual, con el compromiso académico que siempre la caracterizó, nos introduce al binomio tantas veces discutido relacionado con el estilo artístico, es decir, el de la definición y aceptación del estilo artístico olmeca por los especialistas, mismo que, como asienta la autora, no ha sido ni suficiente ni satisfactoriamente examinado para establecer los rasgos propios de una o de varias “culturas olmecas”, señalamiento por demás importante no sólo para lo olmeca sino para otras manifestaciones culturales del pasado prehispánico.


            El estilo, como señala más adelante Beatriz de la Fuente, por sí sólo no alcanza a definir “cultura” si por ésta comprendemos los datos materiales, la organización sociopolítica, la economía, el comercio, la religión y las formas del culto (panteón, mitos y ritos), la comunicación de las ideas, el idioma, el desarrollo sincrónico y diacrónico de los pueblos, tanto en su aspecto dentro de la comunidad olmeca como en las relaciones que mantienen con otras comunidades, sean vecinas o lejanas, pues el estilo en sí mismo no explica ni constituye la cultura. Agrega que el estilo es un recurso privilegiado para comprenderla, opinión que compartimos, pues la similitud entre los pequeños objetos de jade localizados en museos y colecciones y los monumentos de la hoy “zona metropolitana”, aunado a los estudios provenientes del extranjeros, abrieron la senda para que lo olmeca se estableciera como un estilo artístico pero no como una cultura, pese a que influyó y se extendió más allá de la zona metropolitana en la Costa del Golfo.
            De ahí que enfatice que con los elementos materiales que se tienen es posible vislumbrar novedosos enfoques de investigación, ya que la indefinición de lo olmeca hace necesarios nuevos esfuerzos por interpretarlo y precisarlo. Ello sólo podrá lograrse con el tiempo y con nuevos datos recuperados a partir de la continuación de excavaciones cuidadosas y puntillosas, sin forzarlos y con sólidos apoyos ofrecidos por metodologías interdisciplinarias y multidisciplinarias, como únicas vías para llegar a “develar algo más de los creadores de tan extraordinarias culturas y obras de arte”. Frase esta última que alude categóricamente en reconocimiento a la importancia de la investigación arqueológica.


           Anatole Pohorilenko: “Cultura y estilo en el arte olmeca. ¿Un estilo, muchas culturas?” Siguiendo, en cierta medida, la inquietud de Beatriz de la Fuente, el autor hace alusión nuevamente a la cultura olmeca y a las perspectivas sobre ella en la literatura especializada, las que en el resultado han revelado una equivalencia conceptual de la cultura olmeca con el estilo olmeca. Señala enfáticamente el autor que, en el sistema de representación olmeca, el término estilo olmeca debe limitarse a los sistemas sistémicos de diseño, y no a aspectos como la forma de las vasijas, la composición del barro, el acabado de la superficie y las técnicas de aplicación empleadas para la expresión de diseños, puesto que muchas instancias ya existían en tiempos preolmecas y pudieron haber sido evidencia de diferentes historias de transfondo. Propone acertadamente que en tanto el sistema observa diferentes tipos de especialización en concordancia con el medio de expresión, los tres temas básicos que lo definen ocurren en barro, al igual que en esculturas portátiles y monumentales. Resalta también que, al parecer, el sistema de representación olmeca y el estilo que lo define ya estaban completamente desarrollados en la época de su presunta aparición en Mesoamérica, hacia el año 1200 a.C. Esta situación, desde nuestro punto de vista, ha sido alcanzada por las investigaciones que hoy en día aún presentan una serie de incógnitas, como es el caso de Tlatilco, Estado de México, o Las Bocas en Puebla y Gualupita, o Atlihuayán en Morelos, por mencionar sólo algunas de ellas.
            David C. Grove: “Religión olmeca: voces y direcciones futuras”. Este texto, más que respuestas, nos ofrece preguntas para así avanzar en el conocimiento de lo olmeca. Para establecer lo expuesto, parte de principios básicos: 1) tiempo, la duración de lo olmeca de es 700 u 800 años en la Costa del Golfo; 2) la existencia de claras diferencias regionales; 3) no sabemos con claridad los cambios a través de las evidencias materiales en tres de los grandes sitios: La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes; 4) hay que reforzar la investigación en sitios menores y periféricos, desde luego con preguntas específicas; 5) existen diferencias entre la pequeña religión y la gran religión, y requerimos saber cuáles son éstas; 6) mayor cantidad de fechas radiométricas.


            Propone que la suma de lo anterior permitirá a los investigadores replantear el problema olmeca con nuevas interrogantes. Todas ellas son propuestas que dan cuenta de forma puntual y general de cómo abordar la situación que guardaban los pueblos preclásicos en el México antiguo y, de esa forma, comprender la expansión del fenómeno olmeca.
            Rebeca B. González Lauck: “La arqueología del mundo olmeca”. La autora realiza un recorrido por la arqueología del mundo olmeca y, en particular, del sitio de La Venta, sobre el cual aporta novedades en la arqueología a partir de las inéditas exploraciones y la reinterpretación de los datos de temporadas anteriores. De forma por demás acertada, destaca la necesidad de crear acciones conjuntas para la preservación de estos importantes sitios arqueológicos, no sólo desde la perspectiva de la investigación sino también desde el punto de vista jurídico. En este aspecto cabe destacar la acción del gobierno de Tabasco en la adquisición de la zona arqueológica de La Venta para su conservación e investigación, gracias a la labor del entonces gobernador Enrique González Pedrero; la directora del Instituto de Cultura de Tabasco, Laura Ramírez Rasgado, y de César Moheno, director del Centro Regional del INAH Tabasco, pues sin este tipo de acciones poco se hubiera avanzado.


           En su texto, González Lauck también enfatiza en la necesidad de contar con datos duros a partir de las exploraciones arqueológicas controladas. En la actualidad se especula mucho con suposiciones y con objetos fuera de contexto. Este comentario adquiere gran importancia en la investigación de este sitio pues señala cómo debería ser la práctica común de la arqueología.
           Alfonso Lacadena Gracia-Gallo: “La escritura olmeca y la hipótesis del mixe-zoque: implicaciones lingüísticas de un análisis estructural del monumento 13 de La Venta.” La discusión alrededor del monumento 13 de La Venta, y con la información presente al día de hoy, parece probable que en la zona nuclear olmeca se hablaron una o varias lenguas de filiación mixe-zoque, lo que resulta una hipótesis firme para sustentar los trabajos de desciframiento de la escritura y la lengua olmecas en la región, una vez que futuros hallazgos arqueológicos permitan la reunión de un corpus suficiente de textos jeroglíficos, opinión que hacemos nuestra, pues hasta ahora su presencia se encuentra sólo en sus monumentales esculturas de basalto y en sus pequeñas tallas, en sus diversas formas de cerámica, en sus diseños, en sus figuras de barro y en su arquitectura, como la de San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, entre los principales.
            En los estudios presentados aún subsisten muchos de los objetos que conforman el cuerpo documental de lo olmeca, materiales que proceden de colecciones sin inclusión de datos sobre su contexto arqueológico o siquiera sobre sus sitios de procedencia, lo que, si bien, por una parte, ha significado avances en algunos temas, sobre todo los comparativos, pensamos que al igual que los materiales de otras culturas antiguas han causado cierta interferencia que impiden una mejor comprensión del problema que se abordó en esta mesa redonda.

Para finalizar, y de acuerdo al espíritu que dio origen a la primera mesa redonda de 2005 y su publicación, me atrevo a proponer que no resulta suficiente, para una interpretación de esta manifestación el periodo Formativo, la observación de los objetos aislados; éstos deben ser explicados en un contexto mayor, es decir, de una manera en que se documenten de manera sistemática las asociaciones entre ellos, la arquitectura y su distribución, la cerámica, los artefactos sobre variados materiales, el patrón de asentamiento y el medio ambiente.


* Roberto García Moll es arqueólogo. Fue director del Museo Nacional de Antropología, así como de varios proyectos arqueológicos.

Inserción en Imágenes: 24.11.09.
Foto de portal: cabeza olmeca.


   
Instituto de Investigaciones Estéticas
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO