Cabeza Bolet’n Informativo IMçGENES IIE boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-dearchivo
boton-inicio boton-directorio menu-boletin boton-archivo boton-regresar boton-instituto boton-unam boton-contacto
 
de archivos

El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima:
25 años de creación artística y profesionalismo


Frambel Lizárraga Salas*
frambel@hotmail.com


Alberto Dallal, El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima, Universidad de Colima y el Ballet Folklórico de la Universidad de Colima, México, 2008, 283 pp.  

Formar y preparar un grupo de danza folklórica y lograr su profesionalismo y reconocimiento a nivel internacional no es tarea fácil. Sin embargo, las autoridades de la Universidad de Colima junto con el maestro Rafael Zamarripa han cumplido con esa labor desde hace 25 años.
        El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima ha elevado la identidad, la cultura y las tradiciones nacionales, regionales y locales que se expresan a través del arte de la danza. El Ballet empezó a organizarse en 1981 por su director, Rafael Zamarripa, quien fue apoyado por el pintor colimense Alejandro Rangel Hidalgo en el arte escenográfico.

Actualmente el Ballet es reconocido como una compañía de excelencia en la danza mexicana. La disciplina, el rigor y el desempeño profesional de Rafael Zamarripa, junto con técnicos, bailarines, maestros, coreógrafos, músicos, diseñadores, críticos, promotores y escritores han logrado que el Ballet también haya ganado aplausos en sus giras por países como Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Panamá, Guatemala, España, Bélgica, Suiza, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Tailandia, China… Además, este Ballet Folklórico fue el primer grupo universitario en presentarse en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y ha representado al país en festivales de la talla de la Expo Sevilla 1992, la Olimpiada Cultural de Atlanta 1993 y la Expo Hannover 2000. Fue designado Grupo de Excelencia en 1995 por el Consejo Internacional de Organizadores  de Festivales Folklóricos (CIOFF), organismo dependiente de la UNESCO y catalogado en el festival de Confolens, Francia, como uno de los cinco mejores ballets folklóricos del mundo.

       Para conmemorar  los cinco lustros de éxito de dicho Ballet, las autoridades académicas de la Universidad de Colima invitaron al maestro Alberto Dallal, investigador y especialista en danza, a realizar un estudio en torno a los orígenes y desarrollo de la danza folklórica en México, así como su percepción de la compañía de danza de la mencionada casa de estudios. Es así como en el libro El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima, presentado en el Palacio de Bellas Artes  a finales del año 2008, Alberto Dallal narra los orígenes y el significado de la danza folklórica de México.
        En un estudio teórico inusual y por lo tanto inédito en el terreno de la investigación especializada en danza, explica que la palabra folklore está compuesta de dos términos: folk, pueblo, gente y lore, conocimiento, saber, sabiduría: sabiduría del pueblo. “Danza folklórica significa danza de origen y práctica colectivos, ancestrales, que se han ido acumulando en los repertorios locales, regionales y nacionales y que corresponden a características coreográficas propias de esos mismos lugares, regiones y países. Sus ligas y nexos profundos con toda la línea de hábitos sociales y sus relaciones con las demás artes y actividades: música, literatura, diseño plástico, vestuario, artesanías, etcétera.”

       De la lectura de los Prolegómenos de la obra del crítico de danza se infiere que las danzas folklóricas son actividades que reviven las leyendas, los mitos, las tradiciones, los acontecimientos de dioses y semidioses del pueblo. En su ensayo, Alberto Dallal describe a las danzas folklóricas como el más auténtico mestizaje cultural y artístico, debido a que sus adaptaciones y adquisiciones de temas y costumbres representativos los hace realmente populares. “Son una forma de historia acumulada; son expresiones notables que sólo los cuerpos humanos en movimiento pueden lanzar al espacio, a la luz de otras culturas y distintos parajes, indicando sus propias características locales y físicas. La estructura propia de una danza folklórica va a contener características culturales básicas de la población que le ha dado vida. Este tipo de danzas teje movimientos y diseños geométricos y están acompañados de rutinas coreográficas, musicales, literarias y etimológicas.”


       Dallal también destaca la biografía, la responsabilidad y el trabajo arduo de Rafael Zamarripa. Menciona que este coreógrafo ya había dirigido el grupo de la Escuela de Artes en Guadalajara, cuando fue llamado a fundar el Ballet Folklórico de la Universidad de Colima. Desde entonces, Zamarripa se interesa por la riqueza acumulada en corridos, cuentos, poesía, leyendas y sucesos. Se entrega en cuerpo y alma a este arte que florece en el escenario. Sus medios de expresión también incluyen las artes plásticas, la escultura, la joyería, el grabado, el diseño del vestuario. Investiga a profundidad sobre la historia de cada pueblo o comunidad y de sus danzas, así como su vestuario, gastronomía, costumbres, tradiciones, cuentos, leyendas y colorido. Además, Zamarripa conoce la construcción de una coreografía en su tiempo y su espacio integrados, determinados, expuestos. Es impecable en sus ofrecimientos técnicos, en las historias descubiertas en la realidad histórica, en los giros, gritos, zapateados, vueltas, juegos, evoluciones que se van desgranando en el escenario y en las escenografías. Las obras todas se hallan técnicamente construidas; a veces reconstruidas, a veces respetuosas, a veces mixtificadas, actualizadas mediante colores, líneas y alientos netamente mexicanos.
        En el libro se destaca la prestigiada trayectoria del Ballet Folklórico de la Universidad de Colima, misma que ha ido situándose durante los últimos 25 años por todo México y varios países del mundo. En sus presentaciones se aprecia su creatividad e innovación. Exponen las obras nacidas de lo regional, las bases culturales del pueblo, de una región, del país y de la nación. De igual manera, se habla de RaZa, la técnica creada por el mismo Rafael Zamarripa. A través de RaZa, el director de esta compañía de danza forma a sus bailarines tanto en el aspecto teórico como práctico. No solamente les enseña movimientos y rutinas técnicas sino que además les explica la historia y los significados de cada danza. Sus bailarines recorren, dominan desde el corrido hasta la polka, el romance, lo serio y lo guapachoso. Así, han hecho de la danza su forma de vida.

       El texto está acompañado de fotografías del Ballet, en las cuales se aprecia la calidad, el colorido y el profesionalismo de este grupo de danza de la Universidad de Colima. Las fotografías captan escenas coreográficas de las diversas presentaciones del Ballet. Algunas coreografías son: Jarabe Nayarita, Juegos de Magia y Muerte, Los Huapangueros, Juego de Pelota, El venado Mayo de Sinaloa, Los Zacatecanos, Jarabe Largo Ranchero, Bonampak, Triunfo del Nacom, Los Tapatíos, Son de Los Gavilanes, Jarabe de Colima, Danza de La Culebra , La Iguana, La Habanera, obras que han hecho vibrar a los espectadores, cómplices de raíces que se hunden hasta lo más profundo y latente de la cultura y expresiones populares, que Zamarripa entresaca y no pocas veces descubre mediante eficientes metodologías de investigación, presencia en el lugar (en la región) de los hechos, entrevistas, observaciones acuciosas y finalmente propuestas coreográficas llevadas al escenario y las múltiples posibilidades que ofrecen las artes del espectáculo. Asimismo ha realizado coreografías de diversos corridos mexicanos y canciones de Cri-Cri.
        En el libro también se incluyen testimonios de maestros y críticos, quienes expresan su visión sobre el Ballet Folklórico de la Universidad de Colima. Estos testimonios fueron recopilados por Jorge Bravo. Las personalidades que ofrecen su opinión sobre este grupo de danza son Marco Antonio Silva, Patricia Cardona, Guillermo Arriaga, Tulio de la Rosa y Christine Dakin. Todos ellos coinciden en que el trabajo, esfuerzo, profesionalismo, energía, creatividad, compromiso y pasión han sido las virtudes que Rafael Zamarripa y todo su equipo han inyectado para que el Ballet sea un éxito.

       Actualmente, el Departamento de Danza de la Universidad de Colima, donde se capacita a los bailarines del Ballet Folklórico de esa alma máter, posee espacios que responden a las necesidades de una compañía de danza profesional. El foro-salón Ana Mérida está equipado con piso de tableros de multiplay, un equipo básico de sonido, iluminación, su propia batería y equipo de percusiones. Cuenta con un espacio para el público con capacidad de 75 butacas. Otros seis salones –dos de los cuales llevan el nombre de importantes coreógrafas y maestras de la danza: Guillermina Bravo y Nelly Happee– complementan la infraestructura para la enseñanza de la danza académica, contemporánea y folklórica. Asimismo, el Departamento de Danza cuenta con una biblioteca que incluye un acervo de 172 ejemplares de consulta especializada en danza y otras artes escénicas y plásticas; una fonoteca con más de 200 discos compactos de diferentes géneros musicales; una videoteca que supera los doscientos veinte videocasetes en formato VHS con coreografías de importantes creadores de la danza, así como otros materiales de consulta.
        También cuenta con un taller de producción donde se confeccionan y reparan prendas y vestuarios de la compañía. El guardarropa es un almacén organizado y sistematizado donde se resguardan los trajes regionales y demás utilería indispensables para montar las escenografías. El Departamento de danza también está equipado con un centro de cómputo disponible para los alumnos y el personal docente.

       El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima es un libro completo, interesante y esencial para todos aquellos investigadores de la danza, así como para quienes se dedican o disfrutan de este arte. Pero sobre todo es una obra única en su estilo, pues del cúmulo de metodologías académicas, historiográficas y periodísticas que aplica el autor fue posible entresacar testimonios, vivencias, descripciones coreográficas, fundamentos teóricos, revelaciones históricas… Sin duda, el modelo de investigación puede servir para indagaciones futuras, para acercamientos a grupos folklóricos de otras regiones, para expresiones dancísticas que aún no han sido rescatadas por los investigadores pero que siguen practicándose en festividades patronales, conmemoraciones cívicas y religiosas, en días de asueto locales o comunitarios. Y es que como dice Alberto Dallal, “México es un país de danzantes.”


* Frambel Lizárraga Salas es maestra en Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Inserción en Imágenes: 31.03.09

Foto de portal: Cecilia Álvarez González.



   
Instituto de Investigaciones Estéticas
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO