Originarios
Fotografía indigenista mexicana según la lente de Luis Márquez

La exposición Originarios muestra un pequeño conjunto de 40 imágenes en blanco y negro pertenecientes a uno de los ricos acervos que resguarda el Archivo Fotográfico Manuel Toussaint del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Las fotografías seleccionadas fueron realizadas por Luis Márquez Romay en un periodo que va de 1926 a 1934.

Desde su ingreso a la Secretaría de Educación Pública, en 1922, este creador mexicano se integró —en su doble carácter de fotógrafo y camarógrafo— a varias de las expediciones científicas organizadas por el Departamento de Bellas Artes de la sep en coordinación con el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología.

Estas expediciones seguían rutas precisas por las diversas regiones del país, con la intención de estudiar insitu la riqueza cultural y artística de las principales comunidades indígenas. Para ello se conformaban equipos multidisciplinarios en los que antropólogos, etnólogos, historiadores, arqueólogos, dibujantes, músicos, cineastas y fotógrafos sumaban esfuerzos para conocer y divulgar posteriormente las tradiciones ancestrales de los mexicanos originarios.

Por los mismos años en que fueron realizadas las fotografías continuaba muy vivo el debate sobre la integración de las comunidades indígenas a la vida “civilizada”, es decir: urbana y occidental, para con ello sacarlas del atraso, la pobreza y la marginalidad. Paralelamente existía la necesidad de replantearse el ser del mexicano como una nueva identidad producto de los cambios provocados por la revolución de 1910 y, en este sentido, el aporte de las tradiciones indígenas era fundamental.

Científicos sociales como Manuel Gamio, Miguel Othón de Mendizábal o Canuto Flores; políticos e intelectuales como José Vasconcelos, Moisés Sáenz o Narciso Bassols, y artistas como Diego Rivera, Carlos E. González, Francisco Domínguez, Rubén M. Campos o Adolfo Best Maugard, por mencionar a unos pocos, debaten, reivindican, aprecian y reinterpretan el legado antiguo y actual de los indígenas.

En las fotografías de Márquez podemos observar aspectos de la vida cotidiana y el folclore de comunidades de Puebla, Michoacán, Chiapas, Hidalgo, el Estado de México y Oaxaca. Podemos apreciar también rituales religiosos y celebraciones festivas, en donde la música y las danzas son muy importantes. Algunas de las imágenes seleccionadas son de tipo documental, en la línea de los registros antropológicos, pero otras fueron “preparadas” con una clara intención estética.

La exposición se complementa con la proyección de un documental silente llamado ViajeaOaxaca (ca. 1929), que fue donado recientemente por la familia Márquez Velasco a la Filmoteca de la unam, y en el que el propio Márquez participó como stillman y camarógrafo.

Ernesto Peñaloza

 

Originarios.
Mexican Indigenist Photography through Luis Márquez’s lens

The Originarios exhibition shows a small set of 40 black and white images belonging to one of the rich collections housed in the Manuel Toussaint Photographic Archive of the Institute of Aesthetic Research at the National Autonomous University of Mexico. Luis Márquez Romay took the selected photographs between 1926 and 1934.

Since joining the Ministry of Education in 1922, this Mexican artist became part—in his dual nature of photographer and cameraman—of a number of scientific expeditions organized by the Department of Fine Arts of the SEP in coordination with the National Museum of Archaeology, History and Ethnology.

These expeditions followed precise routes through various regions of the country, in order to study in situ the cultural and artistic richness of the main indigenous communities. Multidisciplinary teams were formed, in which anthropologists, ethnologists, historians, archaeologists, artists, musicians, filmmakers and photographers amounted efforts to get to know and subsequently disclose the ancestral traditions of indigenous Mexicans.

For the same years that these photographs were taken, the debate on integrating indigenous communities to “civilized” world—i.e. urban and Western—was still very much alive, looking to rescue them from backwardness, poverty and marginalization. In parallel there was a need to rethink the Mexican being as a new identity, result of the changes brought by the 1910 Revolution, in which the contribution of indigenous traditions was fundamental.

Social scientists such as Manuel Gamio, Miguel Othón de Mendizábal or Canuto Flores; politicians and intellectuals like José Vasconcelos, Moisés Sáenz or Narciso Bassols, and artists such as Diego Rivera, Carlos E. González, Francisco Domínguez, Rubén M. Campos or Adolfo Best Maugard, to name a few, discuss, claim, appreciate and reinterpret the ancient and current indigenous heritage.

In Márquez’s photographs we can see different aspects of daily life and folklore of communities in Puebla, Michoacán, Chiapas, Hidalgo, the State of Mexico and Oaxaca. We can also appreciate religious rituals and festive celebrations, where music and dance had a crucial role. Some of the selected images are documentary in the line of anthropological records, but others were “prepared” with a clear aesthetic intention.

The exhibition also includes the screening of a silent documentary film called Trip to Oaxaca (ca. 1929), which was recently donated by the Márquez Velasco family to the University’s Film Archive, and in which Marquez himself participated as photographer and cameraman.

Ernesto Peñaloza